Guía
Tu proveedor ha desaparecido: qué hacer, y en qué orden
La empresa que te hizo la web no contesta, el programador se ha ido o nadie sabe a nombre de quién está el dominio. Esto es lo que mirarías conmigo, en el orden en que lo mirarías.
Empieza por el dominio: averigua a nombre de quién está y cuándo caduca, porque es lo único que puedes perder del todo. Luego el correo, luego la web. El código y el diseño pueden esperar. Si el proveedor no responde en una semana, da por hecho que tendrás que moverlo sin él.
1. El dominio, hoy mismo
El dominio es la única pieza de todo esto que puedes perder de forma definitiva. Lo demás se rehace: una web se vuelve a montar, un diseño se vuelve a hacer, un hosting se contrata en diez minutos. Un dominio que caduca y se lo queda otro no vuelve, y con él se va tu correo, tus tarjetas, tu rotulación y los enlaces que te manda Google.
Hay dos datos que necesitas: a nombre de quién está y cuándo caduca. Los dos son públicos o te los puede decir quien lo gestiona. Si el dominio está registrado a nombre de la agencia o del programador, manda él, aunque lleves ocho años pagando la renovación en tus facturas. Esto pasa mucho y casi nunca por mala fe: se registró deprisa, con la cuenta que el proveedor tenía abierta, y nadie volvió a mirarlo.
Mira también en qué registrador está. En España lo normal es que esté en IONOS, Hostinger, Dinahosting, Arsys o Nominalia, y cada uno tiene su propio procedimiento para cambiar de titular o de cuenta. No son ellos los que te han dejado tirado: son el sitio donde está la llave.
Si caduca en menos de dos meses y no controlas la cuenta, eso es lo urgente de esta semana. Todo lo demás de esta página puede esperar a la siguiente.
2. El correo, antes que la web
Casi todo el mundo se obsesiona con la web y se olvida del correo, y el orden correcto es el contrario. Una web caída te cuesta visitas. El correo caído te para la empresa: no entran pedidos, no te llegan facturas, no puedes responder a un cliente que lleva dos días esperando.
Comprueba si tu correo depende del mismo proveedor desaparecido, o si está en Google Workspace, Microsoft 365 o el hosting. Y comprueba quién es el administrador de esa cuenta. Si el administrador es tu proveedor y tú solo tienes tu buzón, no tienes el correo de tu empresa: tienes permiso para usarlo.
3. Qué te pueden estar reteniendo, y qué significa cada cosa
Esto no es una sola cosa: son seis o siete, y pesan muy distinto. Repásalas y marca cuáles controlas tú de verdad, con usuario y contraseña a tu nombre.
- El dominio. Lo que ya hemos visto. Si no lo tienes, no tienes nada.
- Dónde apunta el dominio. Quien gestiona esa configuración decide a qué servidor va tu web y a qué buzón va tu correo. Es la pieza que más poder da y la que menos se mira.
- El hosting. El alquiler del sitio donde vive la web. Reemplazable, y suele ser lo más fácil de resolver, siempre que tengas una copia de lo que hay dentro.
- La copia de la web. Si existe una copia reciente, tienes margen. Si no existe, tu web vive en un sitio al que no entras, y eso cambia la conversación entera.
- El código y el diseño. Lo que se programó para ti. Que lo puedas exigir depende de lo que firmaste, no de lo que te parezca justo.
- Las cuentas de terceros. Analítica, Google Ads, la ficha de tu negocio en Google, la pasarela de pago, el gestor de correos comerciales. Suelen estar abiertas con el correo del proveedor, y cada una se recupera por su lado.
- Las facturas. Aburridas y decisivas. Son la prueba de qué has pagado y durante cuánto tiempo, y es con lo que vas a reclamar.
4. Qué es urgente y qué puede esperar
Urgente es lo que caduca o lo que para la empresa: el dominio con fecha cercana, el correo y cualquier cobro automático que esté a punto de fallar. Eso se mira esta semana.
Puede esperar todo lo que sea recuperable con dinero y tiempo: el diseño, el código, el hosting, los textos, las fotos. Duele perderlo y cuesta rehacerlo, pero no desaparece por esperar quince días.
Y hay una tercera categoría que casi nadie separa: lo que no vale la pena recuperar. Si tu web tiene seis años, la ibas a cambiar en cuanto tuvieras un rato y ya no te representa, pelear por el código de esa web es gastar energía en conservar algo que no quieres. Eso es una decisión de negocio, no un problema técnico, y conviene tomarla antes de pagarle a nadie por rescatar nada.
5. Cuándo reclamar y cuándo asumir que lo has perdido
Reclama por escrito siempre, aunque creas que no va a servir. Un correo con fecha, dirigido a la empresa, pidiendo cosas concretas: la titularidad del dominio, los accesos a tal cuenta, una copia de la web. Concreto y sin adjetivos. Ese correo es lo que después te permite acreditar ante un registrador, un proveedor o un abogado que pediste y no te dieron.
Pon un plazo tú: siete o diez días laborables. Si pasa el plazo y no hay respuesta, deja de esperar y trabaja con la hipótesis de que no vas a recuperar nada por esa vía. No es rendirse; es dejar de bloquear tu empresa a la espera de alguien que ya ha demostrado que no contesta.
Asume que lo has perdido cuando el coste de pelearlo supera el de rehacerlo. Si rehacer tu web cuesta tres mil euros y recuperar la antigua implica tres meses de insistencia con un resultado incierto, la decisión está tomada. Esa comparación, con números, es justo lo que explico en recuperar o rehacer tu web: qué cuesta cada camino, en kigaldev.com: qué se conserva al rehacer, qué hace que recuperar salga caro y qué precio tiene cada opción.
Lo que no te puede pasar es quedarte en medio. He visto negocios parados meses porque nadie decidía si se reclamaba o se rehacía. Si llevas semanas en ese punto, esa decisión es justo lo que resuelve una Sesión de Criterio.
6. Lo que hago yo, y lo que no
Lo digo claro porque es exactamente lo que no hizo quien te ha dejado tirado. Yo no entro en tus servidores a rescatar nada. No soy informático de profesión y no voy a cobrarte por algo que no controlo.
Lo que hago es lo de antes: mirar qué tienes, decirte a nombre de quién está, poner las cosas en orden, y contestar la pregunta que te tiene paralizado. Si después hace falta una mano técnica, la ejecución la hace mi estudio o un especialista de mi red, y te digo quién, qué va a hacer y cuánto cuesta antes de que empiece.
Saber dónde está el límite de lo que uno sabe hacer es, seguramente, lo único que te importa ahora mismo de un proveedor nuevo.
7. Qué exigir por contrato para que no vuelva a pasar
Esta es la parte que nadie escribe y la única que evita la repetición. Cuatro cláusulas y una costumbre.
El dominio, siempre a nombre de tu empresa. No del gerente a título personal, no del proveedor, no de la agencia «para gestionarlo mejor». A nombre de la sociedad, con los datos fiscales de la sociedad, en una cuenta cuyo correo de contacto sea una dirección tuya que sobreviva a cualquier despido. Si un proveedor se resiste a esto, ya sabes bastante de él.
Que cada recibo lo pagues tú, con tu tarjeta. Dominio, hosting, licencias y servicios. Que te lo refacture el proveedor es cómodo y es exactamente el mecanismo por el que un día descubres que nada está a tu nombre. Si pagas tú, controlas tú, y tienes la factura.
Accesos desde el primer día, no al final del proyecto. Usuario de administrador para ti en el registrador, el hosting, el gestor de contenidos y cada cuenta de terceros que se abra en nombre de tu empresa. No para que los uses: para que existan. Si solo se entregan «a la entrega», el proyecto que se queda a medias se queda sin llaves.
Que el contrato diga de quién es el resultado. Una frase basta: el código, el diseño y los contenidos desarrollados para ti son tuyos, y se te entregan si la relación termina, por el motivo que sea. Y una segunda: una copia completa, entregada o accesible, con una frecuencia escrita.
Y la costumbre: una hoja con dónde está cada cosa, a nombre de quién, con qué correo de contacto y cuándo caduca. Una hoja. Actualizada una vez al año. Es la diferencia entre un disgusto de una tarde y el mes que estás a punto de tener.
8. Cinco preguntas antes de firmar con el siguiente
Hazlas por correo, para que la respuesta quede escrita.
- ¿A nombre de quién va a quedar el dominio, literalmente?
- ¿Qué cuentas se abren en nombre de mi empresa y quién va a ser el administrador?
- ¿Cuándo tengo mis accesos, y a qué exactamente?
- Si mañana dejamos de trabajar juntos, ¿qué me llevo y en qué formato?
- ¿Quién hace el trabajo: tú, tu equipo o alguien a quien subcontratas?
La quinta es la que más información da. No porque subcontratar esté mal, sino porque la respuesta te dice si tienes delante a alguien que sabe dónde acaba lo suyo.
Preguntas que me hacen al llegar aquí
¿Puedo perder el dominio de mi empresa?
Sí, si está registrado a nombre del proveedor y nadie lo renueva. Quien figura como titular en el registro manda sobre el dominio, aunque lo hayas pagado tú todos los años. Por eso comprobar la titularidad es lo primero que tienes que hacer.
¿Tengo derecho a que me entreguen el código de mi web?
Depende de lo que firmaste. Si el contrato no cede la propiedad del desarrollo ni obliga a entregarlo, el proveedor puede negarse legítimamente. Busca el contrato antes de reclamar: define qué puedes exigir y qué vas a tener que rehacer.
¿Cuánto tarda recuperar un dominio o un acceso?
No lo puedo prometer, y nadie que no haya visto tu caso debería. Depende del registrador, de si el titular responde y de qué documentación conservas. Lo que sí puedes hacer hoy es averiguar dónde está cada cosa y a nombre de quién.
¿Haces tú la recuperación técnica?
No. Mi trabajo es diagnosticar qué tienes, en qué orden conviene moverlo y qué decisión toca. La ejecución técnica la hace mi estudio o un especialista de mi red, y te digo quién y cuánto antes de que empiece.
No encuentro ningún contrato. ¿Qué hago?
Es lo habitual en trabajos encargados por teléfono o por correo. Reúne lo que tengas: correos, presupuestos aceptados, facturas y recibos de renovación. Sirven para demostrar qué pagaste y para reclamar, aunque no sustituyan a un contrato.
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